miércoles, 18 de febrero de 2026

LLAMADOS POR DIOS

 

2 TESALONICENSES 2:13-15 (NTV)

En cuanto a nosotros, no podemos más que agradecerle a Dios por ustedes, queridos hermanos, amados por el Señor. Siempre estamos agradecidos de que Dios los eligió para que estén entre los primeros en experimentar la salvación, una salvación que vino mediante el Espíritu, quien los hace santos, y por creer en la verdad. Él los llamó a la salvación cuando les anunciamos la Buena Noticia; ahora pueden participar de la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Con todo esto en mente, amados hermanos, permanezcan firmes y sigan bien aferrados a las enseñanzas que les transmitimos tanto en persona como por carta.

 

Los verdaderos seguidores de Jesucristo debemos permanecer firmes, ya que somos llamados a la salvación, la santificación y el servicio.

 

Hablemos sobre el llamado de Dios. Usted probablemente ha escuchado la frase "el llamado de Dios", pero quizás no sabe exactamente lo que eso significa.

☝🏼 ¿Llama todavía el Señor a la gente, o es algo que hacía solamente en los tiempos de la Biblia? ¿Habla solo a unas pocas personas específicas, o a todo el mundo?

Aunque es posible que no utilice una voz audible, Él todavía está dedicado a buscar seguidores que son llamados a:

1.     La Salvación. Porque el pecado ha creado una barrera entre nosotros y Dios, Él nos busca primero para tener una relación con nosotros, ofreciendo la salvación por medio de Cristo. (Hechos 4:12)

2.    La Santificación. Después de que hemos sido reconciliados con el Señor, Él nos llama a la santificación o santidad. Esto significa que nos aparta para sus propósitos. No es una vida perfecta, pero sí una vida orientada a la rectitud y la obediencia. Aunque se trata de una acción Divina que comienza en el momento de la salvación y continúa hasta nuestra muerte física, requiere también un compromiso de nuestra parte. Si decidimos no cooperar con el Señor en este proceso, nuestro crecimiento en la semejanza a Cristo se verá afectado. (Efesios 4:12,13)

3.    Al Servicio. Dios ha decidido hacer su obra en el mundo por medio de quienes han sido salvos. Ha determinado las tareas que Él quiere que cada uno de nosotros haga; nuestra tarea es servirle haciendo lo que Él ha dispuesto para nosotros. (2 Corintios 5:18)

 

¡¡¡Los cristianos somos llamados por Dios a una relación personal con Él,

recibiendo una nueva identidad como hijos suyos, santos

y herederos de su propósito; y este llamado, impulsado por el Padre

y basado en Su gracia, es una invitación a la salvación,

la santificación y el servicio a través de Jesucristo!!!

 

¿Cómo está usted respondiendo a los diversos llamados del Señor?

Recuerde que un día, todos compareceremos ante Él para dar cuenta de nuestras vidas, por eso decir siempre "no" a su voz resultará en tragedia, pero quienes han vivido para Él en vez de vivir para sí mismos, serán ampliamente recompensados.

 

Responder al llamado de Dios requiere obediencia, compromiso y una vida de crecimiento espiritual, confiando en Su poder en lugar de nuestras propias habilidades.

 

CONFESIÓN DE FE:

ESTARÉ SIEMPRE ATENTO A LOS LLAMADOS DEL SEÑOR EN MI VIDA, Y ESTARÉ PRESTO A CUMPLIR CON EL PROPÓSITO PARA EL CUAL ME HA APARTADO, PUES SÉ QUE DE CUALQUIER FORMA EL MAYOR BENEFICIARIO DE LA OBEDIENCIA SIEMPRE SERÉ YO.

 

ORACIÓN:

Padre Celestial, Jehová Mekaddesh, Dios que nos Santifica (Ezequiel 37:28). Mi amado Dios y Señor, Jesucristo, sé que Tú eres santo, único, especial, singular, nadie ni nada como Tú; y también sé que la santidad viene de acercarse a Ti, y mientras más nos acerquemos más santos seremos, ya que nos has apartado para un propósito especial. Por eso me propongo, mi Señor, a hacerme cada vez más sensible a tu voz para que pueda responder con premura, responsabilidad, conciencia y amor a tus llamados, pues es un privilegio el que Tú me hayas escogido para salvarme, santificarme y de esta manera poder servirte con denuedo. Gracias mi Señor y Salvador Jesucristo por tu ejemplo de respuesta inmediata al llamado del Padre Santo; he orado en tu Poderoso Nombre ¡Amén!


Pr. Juan Manuel Lamus Ogliastri