viernes, 24 de julio de 2026

LAS PARÁBOLAS

 

JUAN 16:25-33 (NTV)

-       He hablado de estos asuntos en lenguaje figurativo, pero pronto dejaré de hablar en sentido figurado y les contaré acerca del Padre con toda claridad. Ese día pedirán en mi Nombre. No digo que pediré al Padre de parte de ustedes, ya que el Padre mismo los ama profundamente, porque ustedes me aman a mí y han creído que vine de Dios. Es cierto, vine del Padre al mundo y ahora dejaré el mundo y volveré al Padre.

Entonces sus discípulos dijeron:

-       Por fin hablas con claridad y no en sentido figurado. Ahora entendemos que sabes todas las cosas y que no es necesario que nadie te pregunte nada. Por eso creemos que viniste de Dios.

-       ¿Por fin creen? preguntó Jesús. Pero se acerca el tiempo, de hecho, ya ha llegado, cuando ustedes serán dispersados, cada uno se irá por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.

 

¿Por qué Jesús usaba las parábolas?

Depende la versión de la Biblia que usemos, nos vamos a encontrar con la palabra “Parábola, alegoría o comparación”. La palabra griega utilizada en el pasaje que estudiamos hoy para “figurativo” es: “paroimía”, que es la que se usa para las parábolas de Jesús; y su significado es: Un dicho cuyo sentido es difícil de entender para quien lo escucha superficialmente, es decir, se requiere concentración para descubrir lo que quiere decir.

 

☝🏼 La pregunta es ¿Por qué el Señor usaba este sistema de enseñanza? 

Pues para motivar a las personas para que pensaran verdaderamente en Sus palabras; para obligarles a prestar atención, y para diferenciar a las personas entre los que tan sólo escuchaban y los que realmente querían aprender.  Efectuada esta separación entre los meros oidores de los hacedores, era apropiado cambiar la forma de enseñanza, a una más directa. A esta altura de su ministerio, los discípulos debieron estar mejor calificados para entender las verdades del Reino de Dios y Jesús se los hace saber.  Al cambiar su método de enseñanza ellos le hacen una declaración un tanto ambiciosa: “Ahora sí estás hablando directamente, sin vueltas ni rodeos”, le dijeron sus discípulos.  “Ya podemos ver que sabes todas las cosas y que ni siquiera necesitas que nadie te haga preguntas. Por esto creemos que saliste de Dios”.

 

El orgullo es uno de los pecados más difíciles de controlar y Jesús lo sabía, por esta razón vuelve a preguntarles: “¿Por fin creen?” y les advirtió que cuando llegara la hora, le abandonarían, lo dejarían solo y se irían a sus casas; más no estaría sólo pues su Padre estaría a su lado.

 

¡¡¡El Señor Jesús nos habla en parábolas no para que perdamos nuestra fe o

para avergonzarnos para siempre, sino para que aprendamos a creer y confiar 

verdaderamente en Él, tanto en los buenos como en los malos momentos!!!

 

Así que, acérquese al Señor Jesús, tan sólo Él puede darle la paz verdadera que necesita su corazón.

 

CONFESIÓN DE FE:

SÉ QUE LA ÚNICA MANERA DE MEJORAR MI INTIMIDAD CON DIOS ES A TRAVÉS DE UNA RELACIÓN CRECIENTE, ESTUDIADO SU PALABRA, HABLANDO CON ÉL CADA DÍA Y COMPARTIENDO CON OTROS LO APRENDIDO EN LA IGLESIA LOCAL; ASÍ TAMBIÉN PODRÉ ENTENDER TODO LO QUE ME HABLA, ASÍ SEA EN PARÁBOLAS; ENTONCES ASÍ LO HARÉ.

 

ORACIÓN:

Padre Celestial, El Kana, El Dios Celoso (Deuteronomio 4:24). Mi amado Dios y Señor, Jesucristo, hoy te doy gracias porque eres extremadamente protector de tu pueblo y no quieres compartir nuestros afectos con otros “dioses”. Bien dice tu Palabra que tu mismo Nombre y Carácter es Celoso (Éxodo 34:14). Por eso hoy vengo a Ti a escucharte y obedecerte, y con la intención clara de desarrollar en mi vida más humildad, estar más atento a tu instrucción, ser más agradecido e incrementar mi celo por Ti, de manera que pueda yo trasmitir esto mismo a mis semejantes. Gracias mi amado Señor y Salvador Jesucristo por hablarme, permitirme escucharte y enseñar lo que me hablas en tu Palabra; he orado en tu Poderoso Nombre ¡Amén!


Pr. Juan Manuel Lamus Ogliastri