jueves, 10 de septiembre de 2026

DESCANSAR & ESPERAR

 

JUAN 19:38-42 (NTV)

Más tarde, José de Arimatea, quien había sido un discípulo secreto de Jesús (por temor a los líderes judíos), pidió permiso a Pilato para bajar el cuerpo de Jesús. Cuando Pilato concedió el permiso, José fue a buscar el cuerpo y se lo llevó. Lo acompañó Nicodemo, el hombre que había ido a ver a Jesús de noche. Llevó consigo unos treinta y tres kilos de ungüento perfumado, una mezcla de mirra y áloe. De acuerdo con la costumbre de los entierros judíos, envolvieron el cuerpo de Jesús untado con las especias en largos lienzos de lino. El lugar de la crucifixión estaba cerca de un huerto donde había una tumba nueva que nunca se había usado. Y, como era el día de preparación para la Pascua y la tumba estaba cerca, pusieron a Jesús allí.

 

Descansar y esperar en Dios significa entregar el control de sus preocupaciones y confiar plenamente en el tiempo y la voluntad de Él.

 

Así como Cristo descansó una vez en la popa de una embarcación en medio de una furiosa tormenta, también descansó en la tumba, mientras dentro de sus discípulos rugían las tormentas. Un día después de la muerte del Señor, el temor, la duda y la tristeza deben haber entrado en un ciclo interminable en sus mentes. Debieron recordar qué sintieron al estar en un mar agitado, alimentar a miles con unos pocos panes, o ver las mortajas de Lázaro amontonadas sobre la tierra. Sin duda alguna, tenían sus corazones perplejos al contemplar estas cosas.

 

La débil fe de los discípulos no debería sorprendernos, porque para ser sinceros, a veces vemos esto en nosotros mismos. Los “hombres de poca fe”, como los llamaba a menudo Jesús, no creyeron o no recordaban las cosas que el Señor había dicho de sí mismo que: “pondría su vida y la tomaría otra vez” (Juan 10:17,18). De haber tenido sus seguidores estas cosas en sus corazones, ese día de reposo habría sido un tiempo de gozosa expectación. Y es que a veces, Dios parece ausente en nuestras vidas, pero al final sabemos que Él nunca nos dejará (Hebreos 13:5). Y, a diferencia de los primeros discípulos de Jesús, nunca experimentaremos la sombría perspectiva de un Salvador derrotado. Pero muchas veces olvidamos las promesas de Dios.

☝🏼 La pregunta es: Frente a la incertidumbre, ¿con qué frecuencia nos volvemos a un cristianismo del “hazlo tú mismo” para solucionar nuestros problemas?

 

¡¡¡Muy a menudo no vemos más allá de nuestras propias soluciones,

cuando lo que necesitamos es el maravilloso poder en acción de la resurrección

de Jesucristo, y una actitud de humildad y descanso mientras esperamos en Él!!!

 

Entonces mi recomendación para hoy: Suelte el control, deje de intentar resolver todo con sus propias fuerzas y lleve sus cargas en oración; eso no es pasividad, es una actitud de fe activa donde confiamos mientras Dios obra en su tiempo

 

CONFESIÓN DE FE:

SÉ QUE, SI ESTOY DISPUESTO A ESPERAR EN LA OSCURIDAD DE LA NOCHE, PUEDO DESCANSAR SABIENDO QUE LLEGARÁ LA MAÑANA, PUES EL SEÑOR JESÚS HA DICHO QUE NUNCA ME DEJARÁ NI ME ABANDONARÁ, Y YO CREO EN ÉL, Y POR ESO ESPERO EN ÉL.

 

ORACIÓN:

Padre Celestial, Elohim Mikarov, Dios que está cerca (Jeremías 23:23). Amado Dios y Señor, Jesucristo, gracias quiero darte hoy porque eres en mí, presencia de vida perpetua. Desde mi silencio siento como mi amor te busca y se funde con el tuyo, y en este maravilloso todo y uno, la luz, la paz y la armonía nos acercan infinitamente. Sé que no hay nada que pueda separarnos porque soy parte de Ti, esa parte que siempre cuidas y velas con esmero, paciencia, sabiduría, perdón y misericordia. Gracias por tu amado hijo Jesucristo, en el cual podemos descansar esperando en Él con seguridad y plena confianza; he orado en su Poderoso Nombre ¡Amén!


Pr. Juan Manuel Lamus Ogliastri