miércoles, 5 de agosto de 2026

¿PECANDO HABITUALMENTE?

 

EFESIOS 6:10-13 (NTV)

Una palabra final: sean fuertes en el Señor y en su gran poder. Pónganse toda la armadura de Dios para poder mantenerse firmes contra todas las estrategias del diablo. Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales. Por lo tanto, pónganse todas las piezas de la armadura de Dios para poder resistir al enemigo en el tiempo del mal. Así, después de la batalla, todavía seguirán de pie, firmes.

 

Como verdaderos seguidores de Jesucristo, debemos poner fin al pecado habitual, usando la armadura de Dios para mantenernos de pie firmes ante las artimañas del Diablo.

 

Satanás busca lugares en la vida del creyente donde pueda levantar una fortaleza, y una vez que la levanta, sabe que la persona justificará, defenderá y seguirá añadiendo ladrillos a esa fortaleza con un pecado a la vez. El atractivo puede ser tan fuerte que nos hace volver al pecado habitual, incluso después de haberlo reconocido delante de Dios. Satanás susurra: “Una vez más no te hará ningún daño”, y caemos de nuevo en la tentación.

 

Al igual que en la época medieval, cuando los ejércitos peleaban desde fortalezas en las alturas rocosas, un baluarte de pecado es por lo general el terreno para un combate. Podríamos esperar que la lucha fuera básicamente entre Dios y satanás, pero no es así. Es, más bien, una lucha que se da en nuestro espíritu; la cuestión es:

¿Queremos que Dios destruya o no nuestro hábito?

 

Dejar el pecado habitual es difícil. El pecador genera satisfacción y placer al practicarlo, pero pisándole los talones a estas emociones están el sentimiento de culpa, la vergüenza y la desesperación, que llevan a la persona a pedir ayuda. Pero Dios no limpiará la maldad hasta que la persona se arrepienta de verdad.

 

¡¡¡El verdadero arrepentimiento significa que el creyente ve la iniquidad del pecado

y le da la espalda, es decir que la intención de no volver a cometer la falta

se haga evidente; y debemos hacer esto siempre que sea necesario,

una vez, cien veces, o todos los días por el resto de nuestras vidas!!!

 

El solo pensar en renunciar a un hábito pecaminoso lleva a algunas personas al borde de la desesperación, pues quieren verse libres de esa fortaleza, pero la idea de resistir la tentación hace que se sientan débiles; pues le tengo una buena noticia:

El poder del Espíritu Santo es suficiente para impartir poder al cristiano para darle la espalda al pecado ¡Y eso lo incluye a usted!

 

CONFESIÓN:

CON LA GRAN AYUDA DEL ESPÍRITU SANTO, TRABAJARÉ CON DEDICACIÓN Y VALENTÍA PARA RENUNCIAR DE UNA VEZ POR TODAS A ESOS PECADOS O FALLAS HABITUALES QUE TENGO, NO ME PERMITIRÉ MÁS CAER EN LAS TENTACIONES DEL DIABLO.

 

ORACIÓN:

Padre Santo, Jehová Mekaddesh, El Señor que santifica (Ezequiel 37:28). Amado Dios y Señor, Jesucristo, gracias quiero darte hoy pues Tú nos apartas como pueblo escogido, santo para ti, un real sacerdocio, un pueblo propio. Tú limpias nuestro pecado y nos ayudas a madurar. Gracias por tu armadura que me asegura la protección suficiente y necesaria contra la tentación. Espíritu Santo hoy te pido que me ayudes a ser un convencido de esta verdad y aplicarla en mi vida diaria para vencer esos pecados habituales que me puedan agobiar; he orado en el Poderoso Nombre de mi Señor Jesucristo ¡Amén!


Pr. Juan Manuel Lamus Ogliastri