viernes, 14 de diciembre de 2018

RESTAURACIÓN

 

JEREMÍAS 17:7,8 Benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza. Son como árboles plantados junto a la ribera de un río con raíces que se hunden en las aguas. A esos árboles no les afecta el calor ni temen los largos meses de sequía. Sus hojas están siempre verdes y nunca dejan de producir fruto. (NTV)

 

De cómo confiar en Dios para nuestra restauración.

Alfredo era hijo del profesor del instituto botánico de Barcelona en España. Juntos visitaban los numerosos jardines que se hallan en las montañas de Montjuic como voluntarios para ayudar a cuidarlo, pero también lo hacían para admirar lo hermoso de la creación de Dios.

 

Un día, al visitar uno de esos hermosos huertos, el pequeño niño encontró una flor que estaba algo marchita. Al instante llamó a su padre quien de inmediato la sacó desde la raíz para trasplantarla a una maseta pequeña. La llevaron a casa para tratar de reanimarla cambiándole la tierra, colocándole abono y sujetándola a un palito que serviría de apoyo para que su frágil rama no terminara de romperse. Para finalizar, la regaron con un poco de agua esperando que el tallo no estuviera demasiado seco para absorber el líquido vital.

Pasaron dos días y parecía que no había resultados.

-       Papá, dijo el niño, ¿por qué no reacciona, acaso ya es demasiado tarde?

-    No Alfredo, respondió su padre, lo que pasa es que es un proceso lento. La raíz necesita absorber todos los componentes necesarios del abono y de la tierra nueva donde ahora está plantada, ella sólo necesita un tiempo para que su tallo, sus hojas y la flor, se hidraten. Solamente debemos tener paciencia.

 

Para el cuarto día, la flor, ya había retomado su color normal, sus hojas se abrieron, sus pétalos tenían un color más brillante y hasta se podía sentir una leve fragancia al acercarse. En unas cuantas semanas más, la flor ya no necesitaba el palito y estaba echando raíces. Entonces, Alfredo junto a su padre, la llevaron nuevamente al jardín para que siga creciendo y adornando el lugar. Las personas que aman la naturaleza y en especial los botánicos siempre intentan salvar a una planta que está seca o al borde de morir. Para ellos esa es una reacción normal y aunque no intervinieron durante la creación de toda la variedad de flores del mundo, ni se sienten dueños de todas ellas, siempre tratan de salvar a alguna que lo necesite.

 

¿Cuánto más lo hará Dios que está en el Cielo para con toda su creación que es mucho más que plantas y arbustos?

Él siente un profundo amor por la humanidad (Mateo 6:25-34). Muchas personas se hallan secas y al borde de una muerte espiritual. Algunas padeciendo adicciones a las drogas, al alcohol, sujetas a la pornografía y la masturbación, otras con odio y resentimiento en el corazón, con pensamientos impuros, chismosas, con problemas familiares, económicos, tacañas o despilfarradoras, adúlteras o fornicarias, etc. Cada una con un problema diferente que ha secado su espíritu. Pero al llegar a los pies de Cristo, han encontrado la fuerza para salir de esos males que hasta ese punto los esclavizaba. La restauración es un proceso similar al de la flor que encontró Alfredo, que necesitó de algún tiempo para terminar de absorber el abono y el agua que la ayudaron a revivir. Igual, una persona necesita permanecer confiando en Dios, absorbiendo lo que dice su Palabra escrita y orando, para que Él actúe en medio del problema. 

 

CONFESIÓN DE FE:

NO IMPORTA LA SITUACIÓN QUE ME HAYA TOCADO VIVIR Y EL TIEMPO DE RESTAURACIÓN QUE TENGA QUE ENFRENTAR, SÉ QUE PERMANECER EN DIOS ES UN PROCESO CUYO FIN TIENE UNA VICTORIA ASEGURADA.

 

ORACIÓN:

Padre Celestial, El HaNeeman, Dios Fiel y Confiable (Deuteronomio 7:9). Mi amado Señor y Salvador Jesucristo, Dios en el cual puedo confiar sin lugar a duda o a equivocarme, pues sé que todo lo que dices es verdadero y lo que haces es 100% confiable. Estoy plenamente convencido que tus planes para mi contemplan la restauración total de mi vida en todas las áreas: material, física, económica, moral y principalmente la espiritual, y yo estoy totalmente decidido a acogerme a ellos. Gracias mi amado Señor Jesús porque empezaste la obra en mí y me has prometido tu fidelidad para completarla; he orado en tu Poderoso Nombre ¡Amén!


Juan Manuel Lamus O.